Mientras corrientes de la nueva derecha global promueven la flexibilización regulatoria y el extractivismo para atraer capitales, defensores de la ecología advierten que el planeta paga el costo irreversible de un desarrollo desmedido.
Caso Ivanka Trump / Albania
La tendencia global de la nueva derecha de priorizar el capital sobre la naturaleza tiene un claro ejemplo en el millonario proyecto de turismo de hiperlujo impulsado por Ivanka Trump y Jared Kushner en la isla de Sazan y la laguna de Narta, en Albania. La iniciativa, respaldada por agresivas políticas de desregulación del gobierno local para atraer inversión extranjera, ha desatado masivas protestas civiles y alarmas internacionales por amenazar con destruir áreas protegidas y humedales críticos para especies en peligro de extinción en el Mediterráneo.

Argentina / Proyecto San Jorge
Este enfoque que desmantela normativas ambientales para favorecer negocios comerciales se replica con fuerza en América Latina. Un ejemplo crítico ocurre en Mendoza, Argentina, donde la legislatura provincial dio luz verde a la reactivación del Proyecto Minero San Jorge, una mina a cielo abierto que estuvo paralizada por 15 años debido al rechazo social. Científicos y asambleas vecinales advierten que la explotación de cobre y oro pone en riesgo inminente a los glaciares circundantes y a la cuenca del Río Mendoza, la principal reserva hídrica de la que depende el agua potable de más de un millón y medio de habitantes.

Perú/ La ley antibosques
En Perú, la controversia ha escalado a niveles críticos tras la aprobación por insistencia de las polémicas modificaciones a la Ley Forestal y de Fauna Silvestre, una medida impulsada directamente por un sector de derecha en el congreso. Denominada por científicos y organizaciones civiles como la «Ley Antibosques», esta normativa debilita drásticamente la protección de la Amazonía al eliminar requisitos técnicos para el cambio de uso de suelo, legalizando de facto la deforestación en áreas privadas. La ONG Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR) y colectivos indígenas han alertado que esta reforma no solo desprotege de forma irreversible los hábitats de miles de especies de fauna silvestre, sino que premia a los deforestadores ilegales y abre una ventana de impunidad para las mafias que operan destruyendo los recursos naturales del país.

De no frenarse esta tendencia internacional a la flexibilización ambiental, las consecuencias para el planeta podrían ser catastróficas. Científicos advierten que priorizar el desarrollo comercial y el extractivismo sin límites lógicos provocará el colapso hídrico de comunidades enteras, la pérdida irreversible de biodiversidad y la destrucción de sumideros de carbono vitales frente al cambio climático. Al final del camino, sacrificar las leyes protectoras por un beneficio económico inmediato arriesga dejar al mundo sumido en crisis de escasez severas, hipotecando la viabilidad misma de las futuras generaciones.





