Un hallazgo realizado por el telescopio espacial James Webb ha revelado la existencia de un gigantesco agujero negro en una etapa muy temprana del universo, lo que pone en duda la idea de que las galaxias se forman antes que estos objetos cósmicos.
Durante décadas, los astrónomos sostuvieron que las galaxias nacían primero y que, en su interior, los agujeros negros crecían lentamente a medida que acumulaban materia. Sin embargo, nuevas observaciones del telescopio James Webb han encontrado evidencia de un agujero negro supermasivo que parece haber surgido antes de que su galaxia anfitriona alcanzara un desarrollo significativo.
El objeto, denominado Abell2744-QSO1, existía apenas 700 millones de años después del Big Bang. Los investigadores calcularon que su agujero negro posee una masa equivalente a 50 millones de soles, una cifra extraordinaria para una época tan temprana del universo. Además, la masa del agujero negro representa una proporción inusualmente grande respecto a la de la galaxia que lo rodea.

Este descubrimiento cuestiona una de las ideas más aceptadas sobre la evolución cósmica: que los agujeros negros nacen a partir del colapso de estrellas y crecen junto con sus galaxias. Los datos obtenidos por el James Webb sugieren que algunos de estos objetos podrían haberse formado de manera mucho más rápida, incluso mediante el colapso directo de enormes nubes de gas en el universo primitivo.
Aunque todavía se necesitan más observaciones para confirmar si este fenómeno era común en los primeros tiempos del cosmos, el hallazgo ya es considerado por varios científicos como un posible cambio de paradigma. Si se confirma, podría obligar a replantear la relación entre las galaxias y los agujeros negros, una de las preguntas fundamentales de la astronomía moderna. El telescopio más potente de la humanidad apenas está empezando a reescribir nuestra historia cósmica.



