El mito de que calentar o cocinar en este electrodoméstico le quita las vitaminas a tus alimentos está profundamente arraigado. Te explicamos por qué, según la ciencia, podría ser mejor que usar tu cocina a gas.
Desde su llegada masiva a los hogares, el microondas ha estado rodeado de mitos, sospechas y teorías de conspiración. Es muy común escuchar en las cocinas de Latinoamérica la advertencia de que este aparato «daña» la comida, «irradia» los alimentos o destruye por completo sus propiedades nutritivas, dejando solo platos vacíos de vitaminas. Este temor ha llevado a muchas personas a evitarlo o a usarlo con culpa, prefiriendo métodos tradicionales como el hervido. Sin embargo, la tecnología alimentaria ha estudiado este fenómeno durante décadas y la respuesta de la ciencia es contundente: el microondas no solo no destruye los nutrientes, sino que en muchos casos los conserva muchísimo mejor que una olla con agua hirviendo.
Para entender por qué el microondas es un aliado de la nutrición, primero debemos derribar el mito de la radiación. Las microondas utilizan radiación electromagnética de baja frecuencia, similar a la de los teléfonos móviles o las ondas de radio. Esto significa que no tienen la energía suficiente para alterar la estructura de los átomos ni volver «radiactiva» la comida. Lo único que hacen estas ondas es agitar de forma sumamente rápida las moléculas de agua presentes en los alimentos. Esta fricción genera calor de manera inmediata y es lo que cocina o calienta el plato de adentro hacia afuera en cuestión de segundos o pocos minutos.
El verdadero enemigo de las vitaminas y minerales en la cocina no es el aparato que uses, sino tres factores específicos: el exceso de agua, las temperaturas extremadamente altas y los tiempos de cocción prolongados. Vitaminas esenciales como la vitamina C y las del complejo B son hidrosolubles, lo que significa que se disuelven fácilmente en el agua. De acuerdo con estudios de la Universidad de Harvard sobre seguridad y tecnología alimentaria, cuando hierves vegetales como el brócoli o las espinacas en una olla llena de agua, una enorme cantidad de sus nutrientes se queda flotando en ese líquido que luego terminas botando por el fregadero.

Ahí es precisamente donde el microondas se convierte en el ganador de la cocina saludable. Debido a que es un método extremadamente rápido y que prácticamente no requiere que le añadas agua externa para cocinar, los nutrientes se quedan exactamente donde deben estar: dentro del alimento. Un informe publicado por la Universidad Cornell demostró que las espinacas cocinadas en el microondas retienen casi la totalidad de su vitamina C, mientras que al hervirlas en la estufa pierden más de la mitad de sus propiedades benéficas. Al exponer los alimentos al calor por un tiempo tan reducido, las vitaminas sensibles al calor no alcanzan a degradarse como ocurriría en un guiso que pasa horas al fuego.
Por supuesto, como en toda técnica culinaria, existen formas correctas e incorrectas de utilizarlo. Para maximizar los beneficios nutricionales de tus comidas, los expertos recomiendan colocar los vegetales en un recipiente apto para microondas, salpicarlos con apenas una o dos cucharaditas de agua y cubrirlos con una tapa adecuada para crear un efecto de cocción al vapor texturizado. Asimismo, es vital evitar el uso de envases de plástico de un solo uso o que estén dañados, ya que el calor excesivo puede hacer que liberen sustancias químicas nocivas en tu comida; en su lugar, prefiere siempre recipientes de vidrio templado o cerámica. El microondas no es un peligro químico, sino una de las herramientas más eficientes y saludables que tienes en tu hogar.



